Un día más en la rutina. Otra mañana en la que te despiertas perezosa, sin ganas de nada. Miras tu teléfono y... nada. Ni un solo mensaje, ni una sola llamada. Él sigue enfadado. No quiere saber nada. No quiere decirte nada. Por muchos mensajes que le hayas enviado y por muchas llamadas que le hayas hecho. Él sigue cabreado. Enfadado. Confundido.
No sabes que es lo que ha pasado... Como ha cambiado tanto en tan solo dos días. En esos dos días en los que tu estuviste fuera de la ciudad. ¿Que ha pasado? Porque esa persona que te admiraba y te quería tanto, ahora te odia de tal manera? Tal vez nunca encuentres la respuesta a esa pregunta. Tal vez ya se haya estropeado todo. Tal vez sólo sea cuestión de dejar que el tiempo pase... sí, será eso. Sólo tiene que pasar algo de tiempo.
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