Cada vez que se ponía a pensar, se deprimía y acababa derramando lágrimas. Gritando en silencio.
Tenía los ojos hinchados de tanto llorar, los labios salados a causa de las lágrimas...
Tenía ganas de hundirse en la soledad, de poder llorarlo todo, de no tener que esconderse en su habitación. Quería alejarse de todo y de todos, quería desaparecer, que sus problemas y temores se esfumasen.
Estaba cansada de hacerse la fuerte, de aparentar que todo iba bien en su mundo. De callarse lo que pensaba, de ahogarse en sus lágrimas.
Mientras estaba perdida en su mundo, se hizo de noche en el mundo real. Ya no se veía nada a través de la ventana. Todo estaba tan oscuro, como su corazón.
Se bajó del escritorio y se metió en la cama. Ni se molesto en ponerse el pijama. Nadie le regañaría, nadie le diría nada... últimamente nadie le decía nunca nada en esa casa.
Estaba demasiado cansada de llorar. Le dolían sus ojos verdes, casi no podía mantenerlos abiertos. Y así fue como se durmió, con los ojos húmedos, otra noche más...
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